La gestión cinegética

Censar para conservar

censo de charla

Eduard Melero – Cardona – 31/08/2026

Censar para conservar: así se hace el seguimiento de la perdiz pardilla

Un trabajo de campo imprescindible

Para gestionar una población de fauna salvaje es necesario, ante todo, saber cuántos animales hay, dónde se encuentran y cómo evoluciona su población. En el caso de la perdiz pardilla, este seguimiento se realiza mediante censos de campo que permiten obtener datos objetivos sobre su distribución y abundancia.

En estos trabajos participan censadores con experiencia en la especie, muchos de ellos cazadores, que aportan desinteresadamente su conocimiento del territorio, su tiempo, gastos y sus perros de muestra.

Perros adiestrados, no perros de caza en acción

Los perros usados ​​en los censos son normalmente adultos, experimentados, obedientes y con una muestra firme y contrastada. No se trata de dejarles correr libremente por el territorio: su trabajo está perfectamente controlado.

Cada conductor trabaja con un máximo de dos perros y lleva GPS tanto para registrar su recorrido como para marcar con precisión el lugar donde se produce cada vuelo o donde se localizan indicios de presencia, como plumas o heces.

Las parcelas asignadas se prospectan de forma exhaustiva y, una vez finalizado el censo, los recorridos y observaciones se entregan a los responsables para incorporarlos al seguimiento.

La prioridad es no molestar a la fauna

El censo está diseñado precisamente para minimizar las molestias.

Las perdices que se levantan no se persiguen ni vuelven a levantarse. Si se localizan polluelos pequeños, el perro se ata inmediatamente y se deja esa zona. También se trabaja con los perros bajo control para evitar que persiguen otras especies presentes en la montaña, como rebecos o marmotas.

Por eso es importante entender que la presencia de un perro de muestra no implica necesariamente una actividad cinegética. El mismo perro que en temporada de caza puede ayudar al cazador a localizar una perdiz, fuera de temporada puede ser una herramienta para obtener información sobre esa misma especie.

Cazadores que censan de forma altruista

Este trabajo tiene, además, un componente que merece ser reconocido: todos los cazadores que participan en los censos lo hacen de forma completamente altruista.

Aportan jornadas de trabajo, conocimiento del territorio y sus propios perros. Y a menudo asumen personalmente los gastos de desplazamiento, autopistas, túneles, alojamiento y manutención.

No lo hacen para obtener aprovechamiento cinegético alguno. Lo hacen por contribuir al conocimiento de las poblaciones de fauna.

Datos para gestionar, no opiniones

El valor del censo es precisamente lo que permite convertir las observaciones de campo en datos comparables. Cuando este trabajo se repite con una metodología definida, puede saberse si las poblaciones aumentan, disminuyen o se mantienen y, sobre todo, se pueden tomar decisiones de gestión con una base objetiva.

La Generalidad de Cataluña dispone de protocolos específicos para el seguimiento de la perdiz pardilla consensuado con el equipo del dr. Claude Novoa de Office National de la Chasse et de la Faune Sauvage (Francia) y contempla el uso de perros de muestra como una metodología de censo. Por tanto, no estamos ante una práctica improvisada por los cazadores, sino una herramienta de seguimiento reconocida técnicamente.

Conservar también significa censar

La conservación de la fauna no consiste sólo en restringir actividades. También consiste en conocer las poblaciones, detectar sus cambios y comprobar si las medidas aplicadas dan resultado.

Y para ello hace falta gente dispuesta a salir al territorio, recorrer las montañas, tomar datos y repetir este trabajo año tras año.

Censar no es cazar. Censar es obtener conocimiento. Y sin conocimiento no puede existir una buena gestión de la fauna.


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