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Golpe de calor en perros de caza: prevenirlo antes de que sea demasiado tarde

perros y agua

Albert Bores – Lleida – 20/08/2026

La media veda comienza con calor y con muchos perros que todavía no están preparados físicamente

Hoy comienza la media veda y, con ella, muchos perros de caza volverán al campo después de semanas de menor actividad. Es un momento esperado por cazadores y perros, pero este año es necesario afrontarlo con una precaución especial.

Las elevadas temperaturas y los episodios de calor que se están repitiendo durante este verano hacen que el riesgo de sufrir un golpe de calor sea especialmente elevado. A esto se le añade otro factor que a menudo pasa desapercibido: muchos perros llegan al inicio de la temporada sin haber recuperado todavía su condición física.

Pasar de la actividad propia de la veda a una jornada de varias horas corriendo por el campo, con terrenos exigentes y altas temperaturas, puede representar un esfuerzo considerable. Y un perro motivado por la caza no siempre es capaz de saber cuándo ha llegado a su límite.

Un perro de caza también necesita ponerse en forma

Que un perro esté acostumbrado a cazar, no significa que mantenga durante toda la veda la misma capacidad física que durante la temporada.

La preparación debe ser progresiva. Antes de afrontar jornadas largas es conveniente recuperar el ejercicio de forma gradual, aumentando poco a poco la duración y la intensidad. Esto permite que la musculatura, el sistema cardiovascular y también la capacidad de recuperarse después del esfuerzo vuelvan a adaptarse a la actividad.

Este aspecto es aún mayor cuando las temperaturas son elevadas. Un perro que no está entrenado necesitará un esfuerzo proporcionalmente mayor para realizar la misma actividad y, por tanto, puede acumular calor más rápidamente.

Por eso, los primeros días de la media veda no deberían servir para comprobar hasta dónde puede aguantar el perro, sino para recuperar progresivamente el ritmo de caza.

El calor es un enemigo silencioso

Los perros eliminan buena parte del calor corporal mediante el jadeo. A diferencia de las personas, no pueden regular la temperatura de forma tan eficiente mediante el sudor.

Cuando el ejercicio es intenso y la temperatura ambiental es elevada, esta capacidad de disipar calor puede quedar superada. La temperatura corporal comienza a subir y, si el proceso no se detiene, puede aparecer un golpe de calor.

El problema es que la situación puede evolucionar rápidamente. Un perro puede empezar simplemente con un jadeo intenso y acabar presentando debilidad, desorientación, problemas de coordinación, vómitos, convulsiones o incluso perder la conciencia.

Por eso es fundamental no esperar a que aparezcan los síntomas graves para dar por terminada la jornada.

El descanso también forma parte de la jornada de caza

En días de calor descansar no es una interrupción de la caza: es una parte esencial de su planificación.

Es necesario aprovechar las zonas de sombra y permitir que el perro recupere la respiración antes de reanudar la actividad. También es importante disponer siempre de agua suficiente. No debería confiarse en que durante la jornada encontraremos un punto de agua en el campo.

El horario es igualmente determinante. Cuando las condiciones meteorológicas son especialmente adversas, avanzar la actividad en las primeras horas del día y evitar las horas de mayor calor puede reducir considerablemente el esfuerzo térmico que soporta el animal.

Y hay una idea de que el cazador debe tener muy presente: que el perro quiera continuar no significa que pueda continuar. La motivación cinegética puede provocar que el animal siga trabajando cuando físicamente ya está llegando al límite.

Cómo reconocer un posible golpe de calor

Jadear después de correr es normal. Lo que debe preocuparse es un jadeo exagerado, persistente o que no disminuye con el descanso.

Si el perro presenta una respiración muy acelerada, salivación abundante, debilidad, dificultad para andar o una actitud extraña, es momento de detener inmediatamente la actividad. También son señales de alarma los vómitos, la diarrea, la pérdida de coordinación, las convulsiones o el colapso.

En estos casos no se debe intentar que el perro "aguante un poco más" ni esperar a que se recupere simplemente descansando. Un golpe de calor es una emergencia veterinaria y puede provocar graves lesiones en órganos vitales.

¿Qué hacer si el perro sufre un golpe de calor?

Lo primero que hay que hacer es retirar al perro del esfuerzo y del sol y empezar a enfriarlo de inmediato.

Se puede mojar el cuerpo con agua fresca, especialmente el tronco, el abdomen y las zonas con menos pelo, facilitando que el aire circule a su alrededor. Si se dispone de un vehículo, el aire acondicionado puede ayudarle durante el traslado.

No es recomendable cubrir completamente al animal con toallas mojadas, ya que pueden retener el calor, ni aplicar hielo directamente sobre el cuerpo. Tampoco hay que esperar a tener un termómetro para empezar el enfriamiento: frente a los signos compatibles con un golpe de calor, actuar rápido es más importante que obtener una temperatura exacta.

El agua se puede ofrecer si el perro está consciente y puede beber con normalidad, pero no debe forzarse.

Y sobre todo, aunque después de enfriarse parezca recuperarse, debe ser examinado por un veterinario lo antes posible. Un golpe de calor puede haber provocado lesiones internas que no son visibles de inmediato.

El coche también puede convertirse en un peligro

Durante la media veda, el transporte es otro momento en el que es necesario extremar las precauciones.

Un vehículo estacionado puede alcanzar temperaturas muy elevadas en pocos minutos incluso si está a la sombra o con una ventana parcialmente abierta. Por este motivo, nunca debe dejarse un perro dentro del vehículo sin una ventilación y climatización adecuadas.

En días de calor extremo, el transporte de los perros debe planificarse con el mismo cuidado que la jornada de caza: evitar las horas más calurosas, garantizar ventilación y tener agua disponible.

La mejor actuación es prevenir

El golpe de calor no es un accidente inevitable. En buena parte de los casos, el riesgo puede reducirse si el cazador adapta la jornada a las condiciones del perro y del tiempo.

Esta media veda es especialmente importante porque muchos animales todavía no han recuperado su forma física después de la veda. Si a esta falta de entrenamiento le añadimos temperaturas muy elevadas, terrenos exigentes y muchas horas de actividad, el riesgo aumenta considerablemente.

Por eso, este inicio de temporada pide algo más de prudencia. Entrenar progresivamente, elegir bien el horario, ofrecer descanso y agua y saber reconocer los primeros signos de agotamiento puede marcar la diferencia.

El perro no sabe cuándo debe parar. Esta responsabilidad corresponde al cazador.

Y en una temporada marcada por el calor, saber poner punto y final a una jornada a tiempo no es dejar de cazar: es cuidar al compañero que nos acompaña al campo.


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