M.R. – Barcelona – 24/11/2015
Ahora ya podemos decir que ha llegado el frío, las temperaturas han empezado a descender y, como siempre, uno de los indicadores de que esto está ocurriendo es la migración de las aves.
La mayoría de aves migratorias invernales buscan nuevos horizontes para garantizar la propia alimentación, esto coincide normalmente con los fríos y nevadas, ya que las duras condiciones invernales reducen el acceso al alimento y es entonces cuando estas aves deben emprender el vuelo y desplazarse a lugares más benevolentes desde el punto de vista climático y así poder alimentarse. Gran parte de estas aves migratorias tienen la zona de reproducción en los Países Bálticos, Rusia y Escandinavia. Las migraciones las realizan por transporte aéreo y suelen durar semanas, haciendo paradas para descansar y comer en las llamadas “áreas de reposo”.
El cambio climático que sufrimos actualmente afecta mucho a las migraciones, da igual, que hace años que las entradas masivas de animales no son las que eran, aunque los recuentos totales de diferentes entidades científicas certifican que las poblaciones son bastante estables. Lo que varía son las épocas de entrada y las cantidades de animales en cada entrada. La conclusión que sacamos es que existe una migración más constante pero de grupos reducidos de individuos y que, con más frío, se acentúa la cantidad de aves que entran.
Así pues, estas semanas que vienen se esperan buenas o muy buenas entradas en cuanto a la caza del zorzal, la becada, la paloma torcaz, patos y la frioluga. También es cierto que esta tendencia de adaptación a los cambios climatológicos hace que el cazador modifique los hábitos de cacería y esté más pendiente de las previsiones meteorológicas que tiempo atrás, donde las estaciones del año coincidían casi a la perfección con unos días determinados en calendario.
¿Acaso es momento de poner una norma europea por la caza de estas migratorias para asegurar su buena conservación?