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Falta regulación al medio natural!

Eduard Melero – Cardona – 22/11/2016

Mientras escribo este editorial (revista 16 Cinegeticat), llueve. Llueve y lo hace muy bien hecho, como llovía antes, hace mucho tiempo. Y esto es una muy buena noticia. ¡El agua, como dicen allí en el Delta, es vida! Los bosques necesitan agua y los animales también, hacía demasiado tiempo que estábamos en un ciclo de calentamiento y sequía y esto distorsionaba la misma naturaleza hasta el punto de que muchas migratorias cambiaban sus destinos o incluso las épocas de viaje. Esta lluvia no lo arreglará todo, pero sí es una brizna de esperanza para volver a cambiar el ciclo y tener una meteorología, al menos, más equilibrada y menos extrema.

Como todo en la vida, lo que por un lado es bueno, por el otro no lo es tanto. Lo digo porque esta buena lluvia seguramente ofrecerá una excelente temporada de setas y esto hará que, un año más, el bosque se llene de personas, coches, autobuses y perros que transitarán sin ningún miramiento por dentro de las redadas del jabalí. Hace tiempo que se reclama un decreto de regulación de acceso al medio natural que contemple todos los aprovechamientos, actividades y recursos que ofrece (setas, corcho, madera, piñas, frutos, hierbas aromáticas y medicinales, trufas, caza, biomasa, senderismo, excursionismo, montañismo, escalada, 4×4, trial, bici, turismo…), pero de momento sólo están regulados los «paganinis» de turno, es decir, los cazadores, los “rematantes” forestales y un poco los truferos. El resto conviven en un vacío legal que según el sentido común del usuario puede ser compatible o totalmente incompatible.

la foto

Por poner un ejemplo, el otro día en una redada señalizada en los caminos principales (porque si tuviéramos que señalizar todos los caminos que hay en un bosque sería imposible), estaba dando el paso cuando, de repente, me encontré a un perro que no era de ningún perro de la pandilla, que perseguía una cría de corzo y, detrás de él, un padre desesperado llamándolo y su hija con el bolso lleno de piñas porque setas no había ni uno, llorando porque el perro no venía. Resultado: un día de cacería perdido y rodeado de burros. Y esto, cada vez ocurre más a menudo, porque no hay ningún tipo de regulación. Ocurre lo mismo con los coches aparcados en las entradas de los caminos o de los campos, bolsas llenas de restos del desayuno colgadas en un pino (supongo que pensando que el servicio de recogida de desechos pasa a las diez y media), perros desatados que campan por libre, episodios de vacas asesinas, intoxicaciones por ingestión de setas que se cogen sin tener ni idea de qué son, bosques labrados con rastrillos como si hubiera pasado un rebaño de jabalíes, senderos afilados por las motos y bicicletas de montaña, hilos para cerrar el ganado rotos, gente perdida por el bosque… ¡En fin, mil y una historias!

En el mejor de los casos, cuando se comentan estas situaciones con las personas responsables de los «acciones», acotan la cabeza y reconocen los errores cometidos, pero en muchos otros, te encuentras con personas que todavía creen que «el bosque es de todos» y te vienen a dar lecciones de boy scout! Con este panorama, queda clarísimo que el acceso al medio natural requiere una regulación y, lo que es más importante, educación ambiental y respeto desde la base. Pero claro, para llegar aquí iría bien que los docentes no fueran «ecotalibans del capitán lechuga», perdona la expresión pero es para que me entienda…! No quiero decir que todos lo sean, ¡pero los hay!

Por último, quiero felicitar a todas las personas que el pasado 1 de octubre asistieron a la manifestación pajarera celebrada en Barcelona. Considero que estuvo bien, pero me gustaría ver los resultados en breve, así como ver también el nuevo replanteamiento cinegético que pretende hacer la Generalitat y la nueva ley de caza que tanto se ha anunciado.

¡Buenas setas y buena caza!


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