Opinión

Un brindis por los corzos y por nuestros gobernantes ecologistas!

Enric Vélez – Els Hostalets de Pierola – 22/07/2026

De los brotes a los frutos

Acabados hace ya meses los daños de los corzos en los brotes de viña y frutales, empiezan ahora los daños directos sobre los frutos, como la uva!

Si no llueve pronto, en muchos sitios de extrema sequía, los jabalíes, corzos, etc, sólo dispondrán del recurso de los frutos para hidratarse y las consecuencias sobre distintos cultivos pueden llegar a ser irreparables.

Las aseguradoras, ante el aumento desproporcionado de cierta fauna, piden cada vez pagar más cuota y haber sufrido más afectación para tener derecho a cobrar una compensación.

Y los sindicatos?

La payesía queda nuevamente indefensa y, pese a las constantes reivindicaciones de quienes dicen ser sus representantes sindicales (algunos fuertemente subvencionados por el propio Gobierno), año tras año, sigue sufriendo y cada vez más la lacra de las plagas por animales salvajes, casi siempre por parte de especies cazables pero, contradictoriamente, con duras limitaciones impuestas por la limitación impuesta por la concesión de permisos por daños y regulaciones incomprensibles, que misteriosamente siempre llegan tarde o directamente no llegan.

Entre esto y el Mercado Común del Sur (MERCOSUR), parece una estrategia demagógica para hundir la cada vez más ahogada vida rural. Quizá se pretenda que no haya ningún colectivo autosuficiente y que todos quedemos abocados a comprar productos de importación, con el correspondiente pago del 21% de IVA.

Después nos quejamos del despoblamiento, del abandono de los cultivos y el consecuente crecimiento de las malezas y la masa forestal que acabará provocando incendios de no sé qué generación.

No proteger la payesía es verter nuestros espacios naturales a permanecer arrasados ​​por las llamas.

Hasta hace pocos años, los campesinos quemaban márgenes durante el otoño y el invierno para dejar «limpios» sus campos. También no hace no mucho tiempo, un alud de cincuenta mil cazadores hacían fogatas, un día si otro también, durante toda la temporada, aprovechando ramas del suelo, para preparar el desayuno y calentarse. Esto reducía enormemente el potencial combustible de los posibles futuros incendios. Hasta que empezó a ponerse trabas burocráticas, por no decir directamente prohibirse, incluso tener cuatro gallinas, los habitantes de los pueblos tenían todos animales por autoconsumo (cabras, conejos,…) que ramoneaban sotobosques para alimentarse, al tiempo que los mismos habitantes hacían leña durante el verano para abastecer sus chimeneas al fuego.

Prohibir, prohibir,…

Hoy, a golpe de regulaciones absurdas y leyes de censura, todo esto ha terminado. Está prohibido hacer el fuego de caza, está prohibido quemar márgenes y pronto prohibirán también las chimeneas, para que, no se lo pierdan, el humo contamina. Los de los megaincendios parece que no.

Pues nada, a agonizar entre retrasos, informes y burocracia de la concesión de permisos por daños, viendo cómo toda la familia de corzos se come en cuatro noches el esfuerzo y la inversión de todo el año. Porque, recuerde: el campesino no tiene un sueldo cada mes. Por el contrario, hace gasto continuo todos los días (gas-oil, rociar, abonos, maquinaria, salarios, etc.) para que, si después la sequía, la granizada o la fauna lo permiten, un día poder hacer la cosecha y sufragar el invertido y, si además tiene suerte, poder pagar el pan y la escuela de los niños.

Un brindis por los corzos y por nuestros gobernantes ecologistas!


Deja un comentario