Opinión

Walt Disney y las palomas

Enrique Vélez - Manresa - 05/01/2019

Llegeixo amb no poca sorpresa un article d’avui al diari Regió 7 de Manresa amb noves accions vandàliques dels animalistes contra els remolcs-gàbia per capturar coloms a aquesta ciutat. Segons sembla ser, aquests mètodes de captura ja havien estat aturats durant un any per les queixes del Col·legi d’Advocats i aquests grups de pseudoecologistes. Malgrat que a l’article es cita que ha estat “una reacció normal de la ciutadania contrària a la caça i al sacrifici d’aus”, ni l’esmentat col·legi ni els grups d’animalistes han condemnat els atacs, encara que tampoc han confessat l’autoria.

Comentando lo sucedido con un amigo del pueblo me dice que el recuerda antiguamente el sacerdote, armado con escopeta de balines desde el campanario, haciendo limpieza de palomas. En otros lugares con casos similares de exceso de palomas se cebaba en cualquier campo de las afueras del pueblo y cuando se creía oportuno se organizaba una tirada con total seguridad y con la ayuda de las autoridades locales con el fin de garantizar la seguridad, se colocaba una línea de escopetas que, en pocas horas, reducían a más de la mitad los bandos de palomas. Estas, en pocos meses volverían a reproducirse y repoblar los edificios vacíos, campanarios y cualquier resquicio protegido de cualquier pared o repisa. Generalmente las piezas abatidas se entregaban en algún convento, comedor social o sencillamente se repartían entre aquellos que las quisieran para poder ser cocinadas. Y no pasaba nada, nadie se quejaba.

Pero luego llegó Walt Disney y todo empezó a cambiar. La máquina de lavar cerebros, diseñada con nocturnidad y alevosía, comenzó a trabajar emitiendo películas, en principio, para los niños, pero al mismo tiempo con una dosis impresionante de información no subliminal dirigida también a los adultos. Los animales se humanizaban y se dotaron de personalidades altamente emotivas, con profunda moral crítica sobre impactantes aspectos como vida y muerte, amor, odio, etcétera. Aquella arma del cine dinamitó las neuronas de los espectadores y embriagó la realidad de los niños y de sus padres. Las chicas ya no soñaban en progresar y ser autosuficientes sino que solo pensaban en estar guapas para enamorar a su príncipe azul. Elefantitos pesados que podían volar y crías de ciervo con nombre, hablaban dulcemente y sólo generaban ansias de ser abrazados. Cualquier sueño podría convertirse en realidad menos realidad misma. Y esta pasaba a ser mal vista.

Pero todo esto no fue una bofetada no sólo ideológica, moral sino que se convirtió en un virus; una semilla que fue creciendo y multiplicando, haciendo cada vez más patológica que se contaminaba entre miembros de una sociedad ideológicamente deprimida, derrumbada parcialmente por el capitalismo y la crisis de la autoestima, un paraíso para los que carecen de los recursos psicológicos como las religiones para los desesperados y perdidos.

El absurdo está desde entonces servido. Quien no tiene ningún remordimiento en rociar insecticida cuando la casa está llena de mosquitos o quién está de acuerdo en envenenar las plagas de ratas, por malas y por feas, atacará con locura diabólica a quien quiera matar una paloma o una liebre, ni que sea ​​para comer.

¿Qué tiene de malo la pobre cucaracha, temida y odiada por todos, que no tenga el desgraciado conejo que se encuentra en el punto de mira de la escopeta?

Como la Biblia con la serpiente de Adán y Eva o como el cuento de Caperucita y el lobo, se nos inculca que hay animales buenísimos, adorables, intocables; y otros desechables por los que no sentir ninguna afección. Como corderos, al redil.

Las palomas a menudo arrasan cosechas vecinas, que pregunten si no al agricultor de los alrededores.

Su sobrepoblación ensucia. Y limpiar la suciedad generada cuesta mucho, pero que muchos euros. Como todos los animales, defecan (de media unos once kilogramos al año) y sus heces son tan ácidas que corrompen cualquier metal o estructura, dañando tejados, monumentos, ...

Y, por supuesto, también transmiten enfermedades. Como médico os diré algunas: criptococosis, histoplasmosis, psitacosis, clamidiosis, cuello bacil·losi, salmonelosis, encefalitis de San Luis, alveolitis alérgica, pneumoencefalitis, tripanosomiasis, ... algunas pueden ser muy graves.

Se puede pensar que son enfermedades raras. Acercaos a los tres hospitales de Manresa y pregunta cuántas personas han sido atendidas en el último año por criptococosis, o por psitacosis, o por alveolitis. Después, reflexionad. Y autoresponder esta pregunta: también quiero ser un corderito?


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